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El pasado mes volvimos a realizar una de nuestras excursiones preferidas por los pueblos de colores de Riaza aprovechando la visita de unos familiares japoneses que querían conocer la arquitectura popular de España. Y una vez más volvimos a disfrutar de las formas y colores de estos pueblos. Os presentamos de nuevo los apuntes que en su día publicamos en nuestra página…

DSC02903La cuenca del Duero cerca las aldeas de la Segoviana. Su altitud aunque no muy elevada, el puerto de la Quesera se sitúa a 1710 metros, crean una pauta de paisaje. El lienzo cambia de cromática en función de alguna de sus rocas. Unas vistas que, aunque descansan pixeladas por colores, forma una imagen homogénea.

DSC02902Entre la arquitectura de sus pueblos, si observamos más de cerca podemos distinguir además cada capa de pintura. Dentro del encadenamiento de sierras que constituyen el Sistema Central, la de Ayllon se alza en su extremo más oriental, un punto donde se encuentran estas tonalidades.

DSC03695El negro, por ejemplo, renace en algunos pueblos como Becerril o El negredo. La pizarra se enfrasca entre sus rutas y casas, lo que crea una visión de un color negro cortante. En estas oscuras aldeas se utiliza la piedra con entramado de madera. Las cubiertas, apoyadas por el barro y debido al pulido de sus caras, no pueden adquirir mucha pendiente. Esto provoca largos faldones de “escamas” que cubren todas las dependencias de las plantas.

DSC03668En las pedanías de Alquité y Martín Muñoz de Ayllón, sin embargo, el mantel que cubre sus tierras es amarillo. La cuarcita es la encargada de enmascarar de otoño estos territorios, agudizados por las arenas usadas en los conglomerados que adquieren el color del terreno de procedencia. Aunque predomina el uso de este tipo de roca, la pizarra no deja de envolver parte de estos terrenos. Su uso se extiende a lo largo y ancho de los muros, formando “hiladas”.

DSC02919Por último, el rojo marca el resto de pueblos de la zona, Villacorta y Madriguera entre ellos. El color característico de estos vecindarios se debe a las arenas y limos presentes en la zona. Este rojo, además aparece potenciado por la presencia de arcillas y areniscas ferruginosas. También podemos encontrar brechas y conglomerados de origen metamórfico.

Unas rocas que cada vez pasan más desapercibidos en un territorio deshabitado. Aunque poco a poco la población va mermando, son muchos los que se aventuran a embarcarse en una vuelta a los orígenes. Puede que con las nuevas tecnologías y el trabajo a distancia, esta situación mejore. Pero el blanco de las heladas que deja aisladas a estas aldeas cada año es otro de los colores de convivencia del paisaje.

(Comentario sobre el trabajo de doctorado “Los materiales de los pueblos de Riaza – La ruta del color”, de Isabel Matsuki Bárez)

Carmen Estirado.

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