Hace ya un año del accidente y todos los periódicos se hacen eco de ello.

Me sorprende la cantidad de información que se desprende de un solo reportaje. Estremece leer que cerca de 400.000 niños serán estudiados, porque al ser menores de 18 años son más vulnerables de desarrollar cáncer, leucemias… qué brutalidad.

Sigo leyendo y mi sorpresa es mayor cuando atribuyen a las redes sociales el descubrimiento de cesio 137 y yodo 131 en ciertos alimentos. No dudo de la veracidad de lo que comenta el reportero, pero me cuesta mucho creer que ciudadanos de a pie puedan hacer pruebas radioactivas, no?

La mejor parte del reportaje viene cuando el redactor se pregunta si el pescado de Fukushima llegará a nuestra mesa….naaa! no se preocupen ustedes por los de allí, que aquí no llega, pueden comer sushi tranquilos.

En general no comparto con la mayoría de los medios la opinión de que el pueblo japonés no se fía de la palabra oficial. ¿Por qué no? Simplemente porque no va con su carácter. A ver, que estamos hablando de un país de mayoría sintoísta ….para aquellos que no lo sepan, la ideología del sintoísmo es una forma de animismo naturalista, con veneración de los antepasados, que ven en su emperador una forma de deidad.

Lo que les cuentan, es verdad, no lo dudan. Por qué van a desconfiar? El sentimiento que se respira es más de preocupación que de desconfianza. Escuchan con atención las noticias que van saliendo sobre radiación, comida, vientos…se esfuerzan por poner todo lo que pueden de su parte.

Organizando nuestro viaje a Japón nos encontramos con el fatal accidente unos meses antes de partir. Y ahora ¿Qué hacemos? Después de varios quebraderos de cabeza, y de conversaciones con mi prima, decidimos ir.

La tranquilidad con la que te contaba la situación allí contrastaba enormemente con la furia con la que salían por aquí las noticias..

Para poder organizarnos mejor, dado que íbamos toda la familia, hicimos un planing para ponernos de acuerdo. Además íbamos a estar alojados en casa de mi prima, Makiko.

Nuestra sorpresa fue que ellos también se organizaban, pero en función de los turnos rotativos que habían organizado las empresas del país para equilibrar el consumo de energía de lunes a domingo…incluido. Nadie protesta por ir a trabajar un domingo en esta situación. Es más, se sienten bien haciéndolo. Su conciencia no es privativa. Son una verdadera comunidad.

Cuando salimos con sus amigos, bromean con que si la comida o la lluvia será radioactiva….no se si por la cara que ponemos nosotros o porque es la mejor manera de disipar sus temores.

Aun así no escuché ni una queja. La central podía haber estado en otro sitio, pues si, pero aun así, ningún comentario negativo ni de conjetura : y si…no. Simplemente ha sido así. Está dentro del orden de lo posible.

Japón es un país expuesto “per se” a esa clase de “ataques de la naturaleza”. Que ahora no pueden tomar espinacas, pues toman acelgas…Lo están estudiando. Y eso es todo. Sorprende una y otra vez la tranquilidad con la que se toman todo. Y sobre todo, el contraste de cómo llegan a occidente las noticias.

Para ellos esto que ocurrió, por supuesto no fue ni bueno ni les alegró, pero el sentimiento que les ha dejado es de reflexión. No de odio, ni de rencor..Tenemos que pensar sobre la manera de entender las energías, sobre el modo de consumirlas…Como dijo uno por aquí una vez, siempre positivos.

El calendario nipón vuelve a cero por segunda vez en no muchos años. ¿alguien duda de su empeño en levantarlo?

Y nosotros , ¿tenemos crisis?

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